martes, 16 de febrero de 2016

LaLeyDel-Puto-Embudo

Me parece extraño leer un artículo que avisa en negrita de la próxima aparición de “spoliers”. Me imagino que toda mente curiosa no encontrará barreras en esa advertencia y puede que provoque una reflexión. ¿Acaso disponemos de tanto tiempo para divagar sobre el futuro sin tener claro el presente?

Durante esta semana se me está poniendo la vena gorda, y como todavía no he recibido el último traje de neopreno que emplea con gusto el guapo Moreno, esta metáfora contiene una advertencia. A continuación aparecen palabras malsonantes. Y es así por puta envidia hacia el redactor de textos con “spolieres”, y porque estoy hasta los cojones de tantas buenas palabras. Las primeras, las mías.

La semana comienza en un lunes frío. Miro a mí alrededor.  Veo mierda, cantidades ingentes de pura y puta mierda. El “blue day” de la polla, que catalogó un jodidamente estúpido americano, erró en la elección del color. Y de fecha. Febrero es una puta mierda. El día más triste del año es suciamente negro, pero cómo esos hijos de la gran puta capitalistas, espejo de la humanidad, sólo piensan en dinero, eligieron el black para seguir vendiendo en diciembre, sin otorgar a la depresión el verdarero color que la sostiene. ¿Black Money?, ¿Cash Black? Dinero, sucio y estrujado dinero. Pero que nadie se equivoque. No soy uno de esos gilipollas que niegan su poder. Si estoy aquí, en este lugar, es por dinero. Por lo menos es mi argumento de cabecera cuando me pregunto el motivo por el que me baño en mierda.

Los jóvenes inquietos para los que trabajo piensan igualmente en el dinero pero no reconocen el lado oscuro de éste. Por eso es fácil engañarles con las bondades del trabajo. Aunque sus anhelos están podridos desde su raíz.

Iván se esfuerza por estudiar, por cuidar a quien le cuidó y a su corta prole de hermanos. Hace poco comenzó a visitar la cueva, como tantos otros, al olor del dinero, a través de eso a lo que se le llama trabajo. Pero él no puede conseguirlo tan fácilmente. Su carga vital es más grande de lo que realmente parece. Dice que no puede optar a ofertas que encajarían perfectamente a simple vista en su puzle organizacional, ese que él no entiende y yo percibo nítidamente, desde mi intoxicada mirada económica.

Se me ocurre hablarle a Iván de la ley del - puto - embudo. En alguna ocasión he recurrido a esta metáfora para motivar para la búsqueda  de empleo.  De hecho no sé por qué no aparecieron en las famosas – es un decir – Metáforas para la Búsqueda de Empleo. La disponibilidad que muestres en la búsqueda de empleo hará que puedas acceder con mayor facilidad a un trabajo, porque la búsqueda es como un –puto- embudo. Muchos comienzan a buscar, pero el acceso al mundo laboral está restringido, como un cuentagotas. Los que aceptan las crueles reglas del mercado, lo tienen más fácil. Cuánto más lejos puedas ir, haciendo cualquier cosa y a cualquier precio, más fácil lo tienes para pasar por el –puto- embudo. A Iván se lo explique en positivo, empatizando con su situación pero haciéndole ver dónde se encuentra.

Entre tanta decadencia, en ese momento saltó el interruptor que en ocasiones se enciende en mi cabeza. Encontré otro uso para el – puto – embudo. En realidad éste sirve como disfraz de payaso; de astronauta, viajero al planeta esperanza;  de jinete que navega por el desierto, o de disfraz de alguien que intenta educar rodeado de mierda. Y todo sin emplear “spoliers” futuros, con mucha mala hostia en los bolsillos para seguir guerreando, porque la próxima metáfora volverá a ser una amable reflexión, como ésta.

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